From Empire to Community

Palgrave Mcmillan, New York, 2004. Amitai Etzioni.

 

El sociólogo Amitai Etzioni, hoy profesor en The George Washington University, fue en en tiempos del Presidente Carter asesor senior de la Casa Blanca. Con una larga carrera universitaria, es autor de mas de una veintena de libros. El que aquí reseñamos es el último de ellos. Por su contenido, esta obra es de enorme interés para los estudiosos de las relaciones internacionales.

El tema central es el de cómo serán las estructuras de gobierno de la comunidad internacional en el futuro.

Para Etzioni, su desarrollo tendrá algún paralelo con lo ocurrido durante el nacimiento de los estados-nación. Como en ese caso, la preocupación central de quienes diseñaron, o están diseñando, la arquitectura de las nuevas instituciones es la seguridad. Particularmente después de los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 y dada la posibilidad de problemas adicionales en el capítulo de la proliferación de armas de destrucción masiva.

Se trata, entonces, de pensar cómo de la preeminencia del semi-imperio americano se podrá ir, paso a paso, hacia una estructura multilateral no solo legítima, sino basada en una convergencia de intereses, en el derecho internacional y en instituciones y compromisos de tipo multilateral, que el mundo necesita con urgencia.

Según Etzioni, la inevitable metamorfosis ya ha comenzado a ser evidente desde mediados del año pasado. El trabajo comentado, cabe apuntar, analiza al mismo tiempo el corto y el mediano plazo.

La obra comienza con la descripción del contorno de lo que, para Etzioni, es ya una nueva síntesis entre (i) el respeto occidental por los derechos individuales y la existencia de opciones, como imperativo de la libertad y (ii) la necesidad de respetar también las obligaciones de contenido social, que Oriente prioriza. Esto supone no solamente poder conjugar igualitarismo con autoritarismo, sino también secularismo y relativismo moral con visiones diferentes, en las que lo religioso tiene un papel central. En las primeras, es posible que exista un déficit comunitario. En las segundas, en cambio, se siente un déficit asfixiante en materia de libertad. No es tarea fácil, ciertamente.

Para Etzioni, con la salvedad de lo que llama el “fracaso“ de América Latina, el mundo marcha lenta pero perceptiblemente hacia esa simbiosis. Tanto desde Occiente, como desde Oriente. Y lo hace mediante un conjunto de diálogos, abiertos o no tan abiertos, de contenido moral.

El ideal buscado requiere de tres características. Una primera, que supone un equilibrio entre la autonomía de las personas y el orden social. Una segunda, el re-examen permanente de ese equilibrio, de manera de evitar su desajuste. Y una tercera, que consiste en poder equilibrar los valores mencionados priorizando la persuasión antes que la coacción o el control efectivo desde Estado.

Una sociedad capaz de vivir en un marco de respeto a la ley, combinando la vigencia efectiva de las libertades individuales con una conciencia social activa, está siempre más próxima al equilibrio que una que tenga falencias en cualesquiera de estas cuestiones.

El comunismo fracasó, en buena medida, no por su utopía esencial sino porque -como los fundamentalismos- fue incapaz de encontrar el espacio para el margen de libertad que las personas necesitan. Espacio que, en el escenario de la globalización crece y se multiplica.

El fracaso de algunos intentos por exportar el capitalismo radica, según Etzioni, en olvidar que el sistema, para funcionar, requiere de instituciones, normas y hasta de principios morales que, si están ausentes, generan los clásicos pecados de corrupción o nepotismo. De allí que el mercado deba ser contenido mediante límites morales y normativos. Y de allí también que no se pueda definir como democracia a una nación por el solo hecho de tener autoridades surgidas a través de mecanismos electorales. Estos son condición necesaria, pero no suficiente.

Cuando no hay libertad de prensa o de opinión, cuando no se respeta la ley, cuando las autoridades son corruptas o autoritarias o cuando no hay una moral social compartida, la democracia está ausente.

Hay, en todo caso, “falsas“ democracias, que no pueden confundirse con las “auténticas“ democracias.

Etzioni es extremadamente crítico de la Guerra de Irak, señalando que el gran costo a pagar por su país está en el área de la credibilidad perdida. Y esto, dice, es algo que se proyecta al futuro, incrementando el daño.

Cuando profundiza la visión prospectiva, Etzioni sugiere que la coalición mundial que hoy enfrenta -cooperativamente- al terrorismo contiene, en su flexibilidad, los elementos que mañana habrán de conformar y nutrir al orden mundial que aún está naciendo. Ella está liderada por la super-potencia que, sin embargo, necesita de los demás para tener posibilidades de triunfar en su lucha contra el enemigo común. Está, asimismo, edificada en la defensa de valores que son compartidos y en una convergencia de intereses que conforma una suerte de ética de la supervivencia. Enfrenta, por lo demás, una amenaza difusa pero extendida a todo aquel que no forma parte del fundamentalismo que, desde sus ideales, impulsa al terror.

Etzioni es un convencido de que no hay libertades ni derechos, ni nadie puede prometerlos, si previamente no hay seguridad. Así de grave. En lo interno como en lo externo.

Como ejemplo de países que han comprendido lo que se requiere para crecer en el escenario del mundo, el autor presenta los casos de China, India y Tailandia. Entre los fracasos, incluye a la Argentina. Y no sin razones. Aunque curiosamente nosotros pareciéramos ahora querer intentar un nuevo rumbo, el del semi-autoritarismo, muy mal maquillado.

Para Etzioni, la arquitectura internacional actual está sobrecargada de tareas, en las que fracasa y es claramente inadecuada. Su legitimidad ha sido y sigue siendo corroída por la hipocresía. Según él, la salida podría estar en regionalizar las Naciones Unidas. Esto ayudaría a limitar la hegemonía del más fuerte, sin caer en el pecado de -innecesariamente- crear otras hegemonías. Este sería el caso eventual, en el capítulo de la paz y seguridad internacionales, de conferir al Brasil el carácter de miembro permanente del Consejo de Seguridad, lo que conduciría a que las naciones de la región tuvieran que enfrentar un esquema de capas de hegemonía en donde la más alta sería la norteamericana y la más inmediata la del Brasil. Vaya solución a la cuestión de “asegurar legitimidad“...

Etzioni cree en las Naciones Unidas, pero es escéptico respecto de su actual estructura, presuntamente democrática.

Para él la verdadera reforma de las Naciones Unidas pasa por reformar a sus miembros. Porque si ellos no viven en democracia, las soluciones que procuren difícilmente tengan contenido democrático. Para pensar.

 
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